
De pie, estática, la Gran Dama Oferente nos observa con la mirada perdida en el tiempo, en el camino que camina entre su hallazgo entre 1870 hasta nuestros días.
A primera vista nos llama la atención el vaso de ofrendas que porta con sus dos manos. Estas están desnudas y solo visten su mano izquierda numerosos anillos.
Su cabeza está cubierta por un velo y, bajo este, un peinado de tirabuzones que se enroscan como pequeños rodetes bajos, que enmarcan su rostro. Y unos cordones terminados en ínfulas lo adornan.
Su cuerpo lo adorna un pesado manto bajo el cual lleva tres túnicas superpuestas: la superior adornada con triángulos contrapuestos.
Y la túnica inferior bordeada con flecos, o plisada, bajo la cual están sus pies calzados.

Adorna su conjunto tres collares sogueados y un cuarto con colgantes en forma de bellotas que caen en su pecho.
Esta escultura está realizada para que se vea de frente ya que, su espalda, es totalmente lisa a excepción de tres pequeñas marcas de golpes realizadas por el artesano.
Los Padres Escolapios, que fueron los redactores de las memorias de excavación, hablan de que en el Cerro de los Santos , lugar donde se encontró a la Dama, era un antiguo adoratorio.
El motivo era la forma rectangular del edificio, aunque derruido en el momento del hallazgo, si que se encontraron los limites que lo componían. Un espacio de 10,60x 6,72 m. con una puerta hacia el Oeste.
El espesor de sus paredes era de un metro, y a ambos lados de la puerta se distinguían dos escalinatas con cinco piedras desgastadas y en su ultimo escalón el resto de dos columnas que formarían el atrio.
La escultura está realizada en caliza midiendo 1,35m. y su fecha de datación es el s.III a.C.

Bibliografía:
“Memoria sobre las notables excavaciones hechas en el Cerro de los Santos”, P.P. Escolapios (1871)
“Intervenciones en la Gran Dama Oferente del santuario del Cerro de los Santos, Montealegre del castillo, Albacete)”,M. Antonia Moreno
