
Hoy os traigo algo que no es celta pero que si está ligado a Irlanda, cuna de tantas y tantas leyendas e historias.
En esta ocasión os hablaré del cuadro más querido por los irlandeses, «Hellelil and Hildebrand, the Meeting on the Turret Stairs» de Frederic William Burton y que se encuentra expuesto en la National Gallery of Ireland.
El cuadro se pintó basandose en una balada medieval danesa que fue traducida por Whitley Stokes, en 1855, y que cuenta la historia de Hellelil, quien se enamoró de su guardia personal, Hildebrand, quien era príncipe de Inglaterra. Su padre no aprobaba la relación y ordenó a sus siete hermanos que mataran al joven príncipe. Burton plasmó un momento romantico, el encuentro final de los dos amantes.
La balada dice así:
Hellelil sentada en el cenador,
nadie conoce su dolor excepto Dios,
y cose en la costura tan hermosa,
que nunca habló de su pena a nadie.
Pero allí donde el oro debería estar
con seda sobre la tela cosió.
Donde debería coser con hilo de seda,
el oro sobre la tela puso.
Entonces llegó a la Reina la noticia
de que Hellelil ganó la batalla.
Entonces la Reina le hizo pieles
y fue hacia Hellelil la hermosa.
“¡Oh, que rápidamente coses, Hellelil,
Sin embargo, tu costura sigue pareciendo alocada!”
“Bien puede mi costura ser alocada
tan mala suerte como la que he tenido.
Mi padre fue un buen rey y señor,
quince caballeros sirvieron ante su mesa.
Él me enseñó a coser regiamente,
doce caballeros me vigilaban y custodiaban.
Buenos servidores los once, día tras día,
hasta que la locura, el duodécimo, me hizo desatar.
Y este mismo fue llamado Hildebrand,
el hijo del rey de la tierra inglesa.
Pero apenas nos habíamos sentado en el cenador,
cuando mi padre supo la verdad.
Entonces gritó en voz alta por el jardín y el salón:
«¡Levanta a mis hombres y arma a todos!
Estaban junto a la puerta con espadas y lanzas:
«¡Hildebrand, levántate y ven aquí!»
Lord Hildebrand acarició mi blanca mejilla:
«Oh, amor, abstente de pronunciar mi nombre.
«Sí, aunque veas mi sangre,
no me nombres, no sea que seas mi muerte».
Lord Hildebrand saltó desde la puerta
y golpeó con su fuerte espada.
Los primeros a los que mató
fue a mis siete hermanos de cabello dorado.
Luego estaba frente a él el más joven,
que era querido en los días pasados.
Entonces grité: «Oh, Hildebrand,
en el nombre de Dios, detén tu mano.
¡Oh, deja que mi hermano más joven viva
para dar noticias de esto a mi madre!»
Apenas había dicho la frase,
cuando con ocho heridas cayó mi amor a la tierra.
Mi hermano me tomó por el cabello dorado
y me ató a la silla.
Algo perforó la madera salvaje,
y algo de mis piernas me arrancó.
No encontramos presa más profunda
pero el caballo de mi hermano lo atravesó nadando.
Pero cuando llegamos a la puerta del castillo,
allí estaba mi madre, triste y avergonzada.
Mi hermano hizo que levantara una torre alta,
En mi interior estaba sembrada de agudas espinas.
Me tomó con mi camisa de seda desnuda
y me arrojó a esa torre.
Y dondequiera que pusiera mis piernas,
el tormento de las espinas tenía.
Dondequiera que me parara,
las agudas espinas me hacían sangrar.
Mi hermano menor me mataría,
pero mi madre me vendería.
Compró con mi precio una gran campana nueva
en la iglesia de María para colgarla en lo alto.
Pero el primer golpe que dio,
el corazón de mi madre se partió en pedazos.
Tan pronto como dijo su dolor y su pena,
nadie conoce mi dolor sino Dios,
en el brazo de la Reina estaba sentada allí muerta,
nunca le cuento mi dolor a nadie más»
Espero que os haya gustado esta historia aún siendo triste.
