
En esta entrada conoceremos la última de las invasiones de Irlanda, y en esta ocasión si que es una invasión puesto que, como vimos en la entrada anterior, la isla quedó habitada por los Tuatha de Dannan tras derrotar a los Fir Bolg.
La nueva ola invasora estaba a punto de llegar a Irlanda desde España. Brath escita que se asentó en la Península Ibérica tras algunas batallas con las tribus indígenas logró establecerse en ella y a su muerte le dejó su legado a su hijo Breogán.
Un día el hijo de Breogán, llamado Ith, subido en la primitiva Torre de Hércules, le parece divisar a lo lejos una isla. Veloz, constituye una asamblea en la cual decide embarcarse junto a sus hombres a aquel remoto lugar que había divisado para descubrirlo. Tras mucho navegar, por fin encontraron la isla, en la que cordialmente le dieron la bienvenida los Tuatha de Dannan los que, aún siendo cordiales desconfiaban de las intenciones de los forasteros. Cuando se disponían a volver a España hirieron de muerte a Ith, mientras sus hombres se embarcaban y conseguían zafarse de la contienda. Ith murió en el barco antes de llegar a su hogar y entonces su hermano Golamh, conocido como Milidh, asumió el reinado.

Cuando los tres hijos herederos de Breogán vieron el cadáver de su hermano Ith entraron en cólera y juraron venganza, preparando los barcos con sus mejores guerreros para volver a la isla. Cinco barcos zarparon junto con cuarenta de sus jefes y a la llegada a Irlanda pidieron una reunión con los Tuatha quienes les dieron un ultimatum: podían permanecer nueve días en la isla y someterse a ellos o presentarles batalla.
En asamblea y siguiendo las palabras de Amergín (que era su druida) decidieron no acatar ninguna de las opciones que se les dio, debían partir y volver para presentarles batalla, y eso fue lo que hicieron.
Los Tuatha comenzaron a lanzar sortilegios con los que les envían una tormenta sobre sus barcos que les lanza a mitad del océano, entonces Amergín recitó un canto mágico que decía así:

«Soy la explosión del mar. Soy el maremoto. Soy el oleaje atronador. Soy el ciervo de siete puas. Soy el halcón en el acantilado. Soy la gota de rocío iluminada por el sol. Soy la más hermosa de las flores. Soy el jabalí salvaje. Soy el salmón que nada rápido. Soy el lago plácido. Soy la cumbre del arte. Soy el valle que resuena la voces. Soy la punta de lanza endurecida por la batalla. Soy el dios que enciende el deseo. ¿Quién captura el ganado en la casa de Tethra?. ¿Quién conoce los secretos del dolmen sin labrar?. ¿Quién anuncia las edades de la luna?. ¿Quién sabe donde se asienta la puesta de sol?.»
Tras esto consigue calmar la tempestad y llegar a tierra, donde les esperaba Banba, Fotla y Ériu junto con sus maridos, nietos del dios Dagda. Ériu dijo a Amergin que aquella conquista era injusta pero que, al menos, si había conquistado aquella tierra prometiera que la isla llevara su nombre por siempre, a lo que Amergin aceptó.
Después se librarían dos grandes batallas más en la que, después de una ardua lucha, los Tuatha serían vencidos y desterrados a los sidhe bajo tierra, y los Hijos de Mil se repartieron la isla fundando varios reinos.

Y es así como las invasiones terminaron, quedando como conquistadores los Hijos de Mil.
Bibliografía:
«Diccionario Akal de Mitología Celta», Ramón Sainero.
