
Cuando Finn escuchó a su tío decirle que debía terminar de prepararse antes de la lucha para obtener el liderazgo de los Fianna, se fue a estudiar poesía y narración de cuentos. Sabía perfectamente a quién tenía que buscar: a un sabio llamado Finnegas, que vivía junto a un río al este del país, porque antes de poder convertirse en miembro de los Fianna debía comprender y memorizar las leyes, además de conocer algunas leyendas.
Finnegas llevaba años viviendo a orillas del río, pues se sabía que allí habitaba un salmón que, al ser comido, dotaba de todo el conocimiento a quien lo hiciera; él llevaba ya siete años intentando capturarlo. Cuando el joven llegó al río, se encontró con un pequeño estanque oscuro y quieto, y a la sombra de uno de los robles que lo rodeaban se hallaba el sabio, quien le dijo que sabía quién era y que no hacía falta que se presentara, ya que hasta sus oídos había llegado el alboroto que se había desatado en el país ante las hazañas del hijo de Coll. También le dijo que no hacía falta que le explicara a qué había ido, porque era evidente que deseaba recuperar el liderazgo de los Fianna.

Poco tiempo llevaba el muchacho aprendiendo con el bardo cuando este capturó el salmón. Siete años había esperado aquel momento, y por fin había llegado. Lo cogió nervioso entre sus manos, le advirtió y le hizo prometer al joven que no comiera ni un poquito de él. Confiando en su palabra, se lo dio para que lo cocinara. Al terminar, se lo sirvió a Finnegas y lo puso delante de él sobre la mesa; pero, al mirarle, le pareció ver la luz de la sabiduría en los ojos de Finn. El bardo le preguntó si había comido del salmón, y este lo negó, aunque le contó que, al estar asándolo, quiso darle la vuelta y se quemó los dedos, por lo que se los chupó para aliviar el dolor. Entonces el sabio le dijo que, con ese simple gesto, toda la sabiduría contenida en el salmón le había sido otorgada, y que terminara de comérselo, pues el destino así lo había querido.

De esta manera, Finn obtuvo el conocimiento eterno; pero antes de continuar su camino compuso un poema sobre el verano para que el sabio comprobara que ya estaba listo para su siguiente propósito. Al escucharlo, Finnegas le dijo que estaba preparado y que podía continuar con sus andanzas.
Espero que os haya gustado este mito (bastante resumido) y muchísimas gracias por vuestro apoyo.
