
Hace un tiempo os prometí contaros el mito sobre la diosa Ethniu, y por fin ha llegado el día. Esta es la historia sobre Eithne, nieta de Balor y madre del dios Lugh, una de las figuras más relevantes y menos conocidas de la mitología celta.
Hace muchos años, en Irlanda, dos razas mágicas lucharon por el dominio durante mucho tiempo. Estaban los Tuatha Dé Danann, llegados del lejano norte con tesoros mágicos y gran conocimiento, y los Formorianos, piratas que tenían su bastión en la isla Tory y solían saquear la costa.

El más poderoso de los Formorianos era un hombre llamado Balor. Cuando aún era un muchacho, Balor pasó junto a una casa y oyó a los druidas formorianos cantando desde dentro. Sabía que estaban preparando hechizos de muerte y destrucción para usar en batallas contra los Tuatha Dé Danann, y sabía que nadie debía mirar a los druidas mientras trabajaban, pero la ventana estaba entreabierta, y la tentación era demasiado grande para resistirla, así que Balor se asomó un instante. Al mirar, una columna de humo salió disparada y le dio en el ojo. Gritó de dolor, y todos los druidas acudieron corriendo. Se dieron cuenta de que el hechizo de muerte que habían estado creando había entrado en el ojo de Balor, y a partir de ahora, a cualquiera que mirara con ese ojo, moriría. Así que Balor mantuvo el ojo cerrado entre los suyos, pero siempre que entraba en batalla, solo tenía que abrirlo y mirar a sus enemigos para que cayeran muertos ante él.

Balor era un pirata y un azote para los Tuatha Dé Danann por su valentía. Había oído una profecía que decía que moriría a manos de su nieto. Como no tenía nietos, no temía a la muerte, corría todos los riesgos y era el más valiente y osado de los Formorianos. Tuvo una hija llamada Ethniu, que era muy hermosa, pero para que la profecía no se cumpliera, Balor la encerró en una torre de cristal. Puso allí a doce mujeres para que la cuidaran y atendieran todas sus necesidades, pero les hizo prometer que nunca le hablarían de ningún hombre; ella nunca sabría lo que era un hombre.
Así pasaron los años, y el párpado de Balor se volvió cada vez más pesado, inclinándose sobre su ojo mágico, hasta que los Formorianos tuvieron que atravesarlo con una anilla de hierro, atar poleas y cuerdas para poder levantarlo. Se necesitaban diez hombres que tirasen juntos para abrir el ojo maligno de Balor, y diez más para colocarlo en su lugar y que apuntara en la dirección correcta.
De pequeña, Ethniu solía sentarse en lo alto de su torre, contemplando el mar. Podía ver los curraghs ir y venir por la costa, y veía criaturas en ellos, distintas a cualquier persona que hubiera visto jamás. Cuando preguntaba a las mujeres que la atendían qué eran esas criaturas, guardaban silencio. Pero todas las noches, al dormir, Ethniu soñaba con el mismo rostro: un rostro hermoso, distinto a cualquiera que hubiera visto jamás y anhelaba conocer a la persona que tenía ese rostro. Pero cuando les describía el rostro a las mujeres todas callaban, porque cada noche Ethniu tenía el mismo sueño: el rostro de un hombre.

En aquella época existía un señor de la tierra, un hombre de los Tuatha Dé Danann llamado Cian, el cual poseía un tesoro maravilloso, codiciado por todos, y nadie lo ansiaba más que Balor. El tesoro de Cian era una vaca mágica llamada Glas Gaibheann, cuya leche nunca se agotaba. Balor solía seguir a Cian disfrazado, esperando la oportunidad de robarle la vaca, pero Cian era muy consciente de los peligros y era tan cuidadoso con Glas Gaibheann que solía llevarla con correa a todas partes.
Un día, Cian y su hermano Samthain fueron a ver a su otro hermano, Goibniu el Herrero, para que le hicieran espadas. Cian dejó a Samthain con la correa de la vaca y entró en la forja para hablar con Goibniu, viendo Balor su oportunidad, usó magia para disfrazarse de un niño pelirrojo y le preguntó a Samthain si también le harían una espada ese día. Samthain dijo que sí, que había traído el acero, a lo que Balor respondió que había oído a Cian y Goibniu decir que, cuando terminaran de fabricar sus magníficas espadas, no les quedaría acero para la de Samthain. Ante esto, Samthain se puso furioso. Le lanzó la correa al niño y corrió dentro de la forja gritando a sus hermanos. Cian supo de inmediato que había sido una trampa y salió corriendo, pero ya era demasiado tarde, Balor se había ido y el Glas Gaibheann no estaba a la vista.

Cian estaba decidido a recuperar su vaca y acudió a un druida pidiendole consejo, pero este le dijo que no podía hacer nada. Debido al poder del mal de ojo de Balor, Cian no recuperaría la vaca mientras Balor viviera. Así que Cian buscó a otra druida, decantandose por Birog de la Montaña, que era la más sabia y poderosa de la zona y conocía la profecía contra Balor. Le dijo que ella sabía cómo provocar la muerte de Balor si Cian accedía a ayudarla y este accedió a hacer lo que fuera necesario, así que Birog lo disfrazó de mujer.
Invocó un viento mágico que la impulsó a ella y a Cian a través del mar hasta la base de la torre de cristal donde vivía Eithne. Birog les dijo a las mujeres que allí estaba una reina de los Tuatha Dé Danann, perseguida por sus enemigos, y pidió refugio. Eithne ordenó a sus mujeres que abrieran la puerta y en cuanto Birog entró, conjuró a las doce mujeres con un hechizo durmiendolas y le quitó el disfraz a Cian.
Cian subió las escaleras y encontró a Ethniu en lo alto de la torre, contemplando el mar. Se enamoró de su belleza y de su tristeza en ese instante. Ethniu lo miró viendo en él el rostro con el cual había soñado toda su vida. Se enamoraron e hicieron el amor en la torre. Cian le rogó a Birog que se llevara a Ethniu de vuelta a Irlanda, pero Birog le tenía demasiado miedo a Balor. Antes de que él pudiera hacerle cambiar de opinión, invocó el viento mágico para que los llevara a ella y a Cian de vuelta a tierra firme, dejandola atrás.

Ethniu estaba llena de dolor por haber sido abandonada por Cian, pero su dolor se alivió al descubrir que estaba embarazada. Tiempo después dio a luz a un hijo: el nieto que, según la profecía, acabaría con la vida de Balor. Cuando Balor lo descubrió, le arrebató el niño con la intención de matarlo allí mismo. Ethniu envolvió al bebé en una capa y la sujetó con un alfiler, y Balor lo arrojó a las aguas. Pero el alfiler se salió de la capa y el bebé rodó hasta las aguas, de modo que todos los presentes pensaron que estaba muerto.
Pero Birog de la Montaña esperaba su oportunidad, y en cuanto el bebé se sumergió en las olas, lo rescató y se lo llevó a su padre. Cian, encantado de tener a su hijo, lo crió con la mejor gente y con todas las ventajas. El niño se llamó Lugh, y creció hasta convertirse en un gran hombre y un gran guerrero, y con el tiempo cumplió la profecía, matando a Balor y derrotando a los Formorianos para siempre en la Segunda Batalla de Moytura.

Y hasta aquí el mito de Ethniu, Balor, Cian y Lugh, el cuál espero que os haya gustado.
