Cómo el héroe Cu Chulainn recibe su nombre

Se cuenta que, cuando Setanta ya tenía edad para comenzar su aprendizaje como guerrero, acudió a una fiesta junto al rey y su guardia. Era una celebración organizada por un adinerado herrero de nombre Culainn.

El rey y su séquito, aprendices entre ellos, pusieron rumbo al castillo del herrero, pero Setanta participaba en un partido de hurling (juego similar al hockey hierba) y pidió permiso al rey para alcanzarlos más tarde, a lo que este accedió de buen grado.

Ya de noche llegó toda la comitiva al castillo de Culainn, donde fueron recibidos por el herrero. Un gran salón les esperaba, con mesas repletas de comida y bebida, cerrando los sirvientes todas las estancias y dejando fuera del castillo a un gran y salvaje perro, que era quien cuidaba del recinto por las noches.

El banquete estaba siendo largo y distendido; una bonita música y muchas risas acompañaban la opípara cena que se les había servido, hasta que, de repente, un gruñido del perro detuvo toda la algarabía. Tras el gruñido se pudo escuchar una gran pelea, la cual al poco tiempo cesó, dando paso a un silencio sepulcral.

Cuando lograron reaccionar, abrieron las puertas y allí encontraron a un joven agachado sobre el cadáver del perro que yacía a sus pies. Era Setanta, que intentó explicar que el animal le había atacado y que tan solo pudo defenderse, cogiéndolo del cuello y lanzándolo contra la pared.

Todos los invitados estaban atónitos, y Culainn estaba compungido ante la pérdida de su fiel guardián. Como Setanta se sentía triste por lo ocurrido, le ofreció al herrero adiestrar a uno de los cachorros del perro y, mientras tanto, él mismo defendería su castillo. Culainn aceptó tan noble ofrecimiento, mientras todos los invitados aplaudían el gesto del joven.

Así, en ese mismo momento, Setanta fue rebautizado con el nombre de Cú Chulainn, que significa «el perro de Culainn».

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